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jueves, 14 de mayo de 2020

ECUACIÓN INALTERABLE

En matemáticas existe una regla básica: "El orden de los factores no altera el producto", pues bien en nuestra vida espiritual esta regla no existe.

EL ORDEN DE LOS FACTORES SI AFECTA EL PRODUCTO.

Si pensamos en la salvación y cómo Dios nos marca la pauta de servirle, entonces es que podemos pensar: "Si hago esto o aquello entonces encontraré la salvación o me ganaré el favor de Dios" pues esto es algo que se nos ha inculcado culturalmente.

Cuando vamos a un lugar o una fiesta es socialmente mal visto llegar con las manos vacías.

Hace mucho aprendí esta lección: En ocasiones prefería no asistir a las piñatas cuando no me daba tiempo de comprar el regalo para el cumpleañero y luego de que me invitaron a una en donde específicamente me dijeron no traigas regalo, me quedó claro una cosa: puedo faltar por no tener el regalo, luego comprarlo y disculparme por no haber ido, pero jamás podré regresar el tiempo y asistir, lo que si puedo hacer es ir a la piñata, disculparme por no llevar el regalo en ese momento y luego hacerlo llegar, de esa manera estaré con el cumpleañero y además podré darle algo con calma y bien pensado, así que imagínate si todos pensáramos que no vamos a un festejo por falta de regalo muy probablemente el cumpleañero se quedaría solo en medio de una fiesta.

Así Dios es que te invita a una vida con El, independientemente del regalo que quieras o puedas darle, lo que tu le des a Dios no determina salvación o que El te quiera más o menos.

La Biblia es muy clara en cuanto a este punto, Dios quiere asegurarse de que entendamos que la salvación es un regalo, un regalo que le costó la vida y sufrimiento de su hijo y como un regalo solo debemos aceptarlo.

Ahora, El nos ama y busca una relación con nosotros, a pesar de que no le podamos dar nada, es decir, ¿Qué le podríamos dar al dueño de todo? ¡El solo quiere nuestro corazón, nuestro agradecimiento, nuestro amor, nuestro tiempo!

También podemos caer en la idea de pensar: Bueno, si Dios ya hizo todo entonces yo no tengo que hacer nada, pero esto también es erróneo y nos pone en una posición muy cómoda con respecto a nuestra vida espiritual pues Dios también nos manda a esforzarnos en la carrera cristiana al igual que un atleta lo hace para alcanzar la meta.

Pero ¿cuál es mi meta con relación a mi vida espiritual? La meta es parecernos cada día más a Cristo, a su carácter, es por eso que Dios nos deja escrito en la Biblia lo que quiere de nosotros, que lo aceptemos en nuestras vidas y lo dejemos entrar en cada una de nuestras áreas, que lo alabemos y lo busquemos constantemente para cualquier cosa, como un niño busca a su padre solo para estar con El independientemente de que él sea el protector o proveedor, es decir, un niño sabe que su padre lo hace pero no lo busca por la conveniencia de tener esas cosas, sino por el amor y las ganas de pasar tiempo con él. Es por eso que la Biblia dice que busquemos a Dios de la misma manera que lo hace un niño.

Entonces, ¿por qué debo hacer obras? ¿para qué sirven?

La Biblia dice que la fe sin obras es muerta (Santiago 2: 14 - 19), hacemos obras que Dios puso de antemano para que andemos en ellas (Efesios 2:8-9), pero también dice que las obras sin Cristo son como trapos de inmundicia (Isaías 64:6), es decir, son inservibles para Dios.

Es aquí en donde podemos ver la diferencia: Hacemos obras para testificar que somos hijos de Dios, hacemos obras para que nuestra luz (misma que viene de Cristo) alumbre a los demás (Mateo 5v:16) y las hacemos en obediencia porque Dios las puso de antemano en nuestras vidas para que las hiciéramos, así que al hacerlas glorificamos su nombre.

Las obras cuando seamos llevados ante la presencia de Dios tendrán un valor, pero ese es otro tema,  ¡jamás serán para comprar nuestra salvación!  ese precio ya fue pagado y fue alto...

En conclusión, hacemos obras porque fuimos salvados (a través de ellas testificamos), no para ser salvados (ese precio ya fue pagado).

Esta es una ecuación inalterable, si los factores se cambian el producto si se altera porque echamos por tierra el sacrificio de Cristo en la cruz.

Como siempre a Dios la gloria y la honra por lo que El ha hecho para rescatarnos, solo El merece el honor.


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